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Memorias conferencia La reconciliación es una opción de vida
Por: Comunicaciones Fondo de Empleados de EE.PP.M
April 14, 2005 4:16PM EST


LA RECONCILIACION
ES UNA OPCION DE VIDA

¿Cuándo se vive en la paz?  En definitiva nosotros no podemos vivir en una paz total nunca; en ninguna circunstancia, en ningún país, en ningún contexto de vida se vive una paz completa y total.

¿Por qué?

Sencillamente porque somos distintos, porque somos diferentes, porque tenemos maneras diversas de pensar, porque tenemos culturas familiares, contextos de vida completamente distintos.  Hablamos el mismo idioma, pero no hablamos la misma intencionalidad, ni el mismo lenguaje.

Entendemos lo mismo, las palabras tienen un significado idiomático propio pero las palabras, con cierto tonito, adquieren un significado completamente distinto al que da el diccionario.

Por eso, es fundamental y necesario entender que la reconciliación es una opción de vida permanente, continua.  Toda persona en su proyecto de vida tiene que tener el objetivo de vivir reconciliándose permanentemente con las personas de su entorno social, porque las personas más queridas, las más amigas, las más íntimas, las que tenemos más cerca y las que llevamos más íntimamente en el corazón hacen cosas que no nos gustan y tienen maneras de pensar a veces completamente contrarias a las nuestras.

Una uniformidad, una unidad, un estar absolutamente de acuerdo en todo en la manera de pensar, de sentir, de amar, de actuar, de reaccionar, etc., es una cosa absolutamente imposible.

Ni los gemelos idénticos, ni los que nacen de un mismo óvulo que se divide en dos y que tienen genéticamente la misma constitución orgánica tienen una total concordancia, porque tan pronto nacen, empiezan un camino de divergencia y terminan siendo personas distintas y diversas, a pesar de tener una unidad o una comunión genética absolutamente clara e igual.

Esta es la razón por la cual el espíritu, la decisión y la opción reconciliadora debe ser y tiene que ser un propósito, óiganme bien, un propósito permanente, continuo.  Por ello, tenemos la obligación de realizarlo, en todas las circunstancias, en todas las circunstancias, en todas las comunidades, en todos los tiempos y en todos los contextos de vida donde vivimos.

En la familia, en la escuela, en la universidad, en la calle, con el tendero de la esquina, con el vecino, con nuestros compañeros de trabajo en todas partes el espíritu conciliador, o la decisión de construir permanentemente una conciliación, un entendimiento y un acuerdo con todas las personas es absolutamente necesario y fundamental.

En estos tiempos de violencia, de guerra, de contraindicaciones, de peleas permanentes, en las que estamos inmersos, es verdaderamente necesario tener el espíritu conciliador.

Y eso lo estamos viviendo todos los días, vivimos en Colombia un espíritu de guerra, una actitud de controversia, de competencia en todos los campos.  En este país se ha desarrollado un espíritu polémico y un espíritu de contradicción extraordinario, todo se critica, todo se ve mal y los mismos comentadores de radio y televisión hacen permanentemente unos comentarios denigrantes, desvalorizantes y humillantes de las personas y de los grupos.

En la radio y en la televisión estamos viendo a diario una polarización de ideas, de ideales, de conceptos y de ideologías que llevan necesariamente a poner la gente una en un bando  y la otra en el bando contrario y entre las dos se crea una batalla y un atacarse mutuamente de una manera inhumana y a veces cruel.

Desarme de los espíritus.

Por eso es necesario desarmar los espíritus, es necesario tener ese espíritu conciliador, ese espíritu que anima la unidad, la integración y la comunicación entre las personas.

Esa es la opción de vida más importante y más fundamental que debemos tener siempre en nuestra personalidad.

Tener una personalidad madura es tener un espíritu conciliador que nos lleve fundamentalmente a establecer relaciones humanas siempre positivas, constructivas, basadas fundamentalmente en una comprensión profunda de las personas, de sus situaciones, de sus motivaciones, de sus intenciones internas y profundas sin quedarnos simplemente en las conductas que nos desagradan o en las frases lingüísticas que una persona dice, simplemente  motivada por las reacciones impulsivas no pensadas ni responsablemente dichas.

Por eso, es necesario y fundamental fomentar ese espíritu conciliador...  Cuando un padre pelea con su hijo o los hijos pelean con sus padres, cuando los padres le lanzan a sus hijos una serie de improperios, y de palabras vulgares y de acusaciones, cuando ustedes los denigran y les hablan con epítetos y con adjetivos denigrantes y desvalorizantes y humillantes no están haciendo más que crear guerra.

El espíritu conciliador.

El espíritu conciliador del padre cuando el hijo se pone agresivo y violento al verlo así lleva a pensar en el hijo en sí mismo, y pensar en él es pensar en una persona que tiene problemas que está haciendo reclamos justos o injustos pero que los está viviendo en el corazón con grandes sufrimientos, con grandes angustias y con un estrés verdaderamente profundo y tremendamente destructivos.

Tenemos entonces que comprender que la reconciliación consiste fundamentalmente en una especie de sutura; sutura quiere decir unir las paredes de la piel de una herida, de tal manera que quede la una frente a la otra con el fin de que se unan y así se restaure el tejido.

Por eso, es necesario entender que hay unas rupturas que necesitamos permanentemente afrontar.  Yo las divido en cuatro:

 Primero: Hay una ruptura dentro de sí.
 Segundo: Hay una ruptura con el otro.
 Tercero: Hay una  ruptura de Dios.
 Cuarto: Hay una ruptura con la sociedad.

Estas cuatro rupturas o cuatro heridas del corazón producen conflictos.

La ruptura consigo mismo se produce cuando yo estoy en desacuerdo interno, cuando yo siento desazón, angustia, estrés, cuando siento rabia, cuando siento ganas de venganza, cuando siento resentimiento, cuando siento que alguien interfirió en mi vida, la dañó, la perjudicó; cuando alguien se metió a dañarme la paz interior, y que me dejó en guerra, y me dejó en una actitud de defensividad, de agresividad y esa agresividad empieza por dentro.
Esa es la ruptura interior, y esa ruptura interior se manifiesta por un profundo desacuerdo interno, por ese conflicto, esa desazón, esa angustia, esa inconformidad, etc., que va a expresarse en una forma generalmente violenta y agresiva.

Es necesario, antes de desatar estas escenas o estas acciones o estas reacciones violentas entrar en el corazón y darse cuenta de que es allí, en el fondo de mi intimidad, de mí ser y de mi vida interna, donde se está produciendo la violencia, donde se está generando la violencia, donde está naciendo la violencia.

Cuando ustedes ven la actitud de un hijo que les desagrada profundamente, que contradice lo que ustedes están pensando, o inclusive lo que ustedes le han aconsejado, etc., o que viola una norma, que ustedes habían dado y que él había aparentemente aceptado, se sienten en ese momento tremendamente mal.

Son las dos, son las tres, son las cuatro de la mañana y el joven no llega, la madre está sentada en la sala sin poder dormir, en una desazón, en una situación de angustia, de inconformidad, de rebeldía interior.  Entonces empieza a gestarse en ella toda una serie de pensamientos y de fantasías contra el hijo.  Que es desconsiderado, que es rebelde, que es una persona que no entiende que su madre entonces se siente irrespetada, que no respeta mi autoridad, etc.

Y hace un montón de imaginaciones y de fantasías; esa es la ruptura interna, y entonces, después, cuando ella está repensando todo lo que está pasando.  Acusa al hijo de rebelde, de irrespetuoso, de desautorizar la autoridad, de persona que no quiere, que no ama, que no respeta, etc., que no considera su mamá, que no puede dormirse por que él está en la calle y ella tiene que madrugar al otro día a trabajar.  Ahí nació la violencia, la violencia nació en el corazón de ella.

Y cuando este muchacho o esta muchacha llega entonces ella está herida, ella esta enardecida, ella esta acalorada por sus propias reflexiones porque en su interior ella ha hecho todo un proceso de rechazo, de repulsión al hijo.  Y cuando el muchacho llega y abre la puerta o le abren la puerta, encuentra una mamá energúmena, una mamá o un papá violento, agresivo, rechazantes que le lanzan al hijo unos improperios y unas palabras agresivas, desprestigiadoras y desvalorizadoras hasta lo más.

No logran más que ahondar la distancia.

Pero cómo pensar en el hijo, si me está desobedeciendo, si me está llegando a esta hora si además de llegar a esta hora me insulta y dice “usted no está en la onda, usted  es un padre que no me deja vivir la vida”, etc., toda la cosa.

¿Como hacemos entonces para llevar la paz?

Ahí es donde entra el espíritu reconciliador; espíritu reconciliador es entrar en el corazón, es decir, es una decisión y una opción de vida, no voy a hablar cuando esté con rabia, no voy a pronunciar palabra cuando estoy resentido, no voy a lanzar improperios, ni palabras ofensivas cuando estoy indispuesta, cuando estoy rechazando a mi  hijo en mi propio corazón.

Esa decisión es una opción de vida importantísima, clamarse, en ese momento, callarse hijo buenos días.

Llegó tarde, llegó por la mañana, quédese tranquilo. Mañana arreglamos esto, cuando esté tranquilo, cuando esté sereno,  cuando haya recuperado la paz interior, cuando haya hecho reconciliación en la intimidad de mi vida voy a hablar con él, pero voy a hablar con él con tranquilidad, con serenidad, voy a ayudarle a pensar, voy a ayudarle a reflexionar, voy a ayudar a que él tome conciencia de lo que está haciendo, del rumbo que le esta dando a su vida, de toda la realidad interior que él esta viviendo; de pronto me conecto con él y él de pronto me va a comentar sus intereses, sus problemas, sus angustias, del porqué de sus rebeldías, entonces ahí estaremos haciendo reconciliación.

Pero cuando yo desbordo y me dejo llevar de la ira, del resentimiento, de la violencia y defensivamente ataco profundamente a mi hijo, y lo desvalorizo y lo humillo, entonces estoy creando una barrera verdaderamente inmensa tremendamente difícil de superar después, para pasarse a una actitud conciliadora.

Hay la ruptura con el otro, esa ruptura mía, esa ruptura que yo siento dentro, ese desorden, ese descontrol que yo siento y que alimento en mi interior al manifestarlo y expresarlo en una forma violenta, agresiva, acusadora, desvalorizadota y humillante, creo también en el otro una gran ruptura.

Y la gran ruptura consiste en que suscito en el hijo también la venganza, el resentimiento, el odio, la incomunicación con el padre.  Entonces es él, cuando el contesta mal o si no contesta, por lo menos queda profundamente deprimido, porque hemos creado una gran barrera, una gran brecha entre los dos.

Yo les pregunto de corazón: ¿Qué cosa positiva nace de aquí?

¿Estamos realmente solucionando el problema?

¿Estamos buscando que el hijo realmente cambie, que el hijo se sienta responsable, que el hijo se sienta cumpliendo su palabra que el hijo vuelva a encontrar el camino, lo rectifique y vea el camino desviado que lleva? yo creo que no.

Estos resentimientos y estas rupturas al interior del yo, y la ruptura que se crea en la relación padre – hijo, hijo – padre o esposo – esposa o hermano – hermana o en fin, etc., crea necesariamente también una ruptura con Dios.

¿Por qué?, porque Dios es el conciliador, el papel de Jesucristo yo lo defino muy fácil.

Cristo vino al mundo por voluntad del padre a traernos la paz, a traernos la reconciliación, a traernos el valor del perdón, a traernos la unidad y la integración, y dice San Pedro muy claramente que Pablo vino a unir las dos culturas, la cultura Judía con la cultura Griega o la cultura Pagana y dice ya no hay Griego, ni Judío, ya no hay hombre ni mujer, ya no hay esclavo o libre, porque todos son uno en Cristo.

Es decir, ese papel reconciliador es la misión fundamental que el Padre le encomendó a Jesucristo, y la realizó maravillosamente, extraordinariamente en su vida, en sus actitudes, en sus experiencias, en sus palabras, en su testimonio de vida; El actúo siempre como un reconciliador, siempre concilió, a él lo atacaron muchísimo… muchísimo y lo atacaron por todas partes, él no encontraba sino atacantes, pero nunca jamás el Señor actúo en una forma defensiva, ofensiva, denigrante y dañina, siempre acogió, siempre realizó un papel de vida, de unión y de integración.

Finalmente, la ruptura con la sociedad, porque cuando nosotros rompemos nuestras relaciones interpersonales estamos dañando también nuestras relaciones con la sociedad.
Cuando no aprendemos a relacionarnos persona a persona, mucho menos vamos a relacionarnos bien con personas extrañas; cuando las personas que tenemos más cerca, más íntimas, más familiares, más próximas, más prójimas, como es en la familia, si con esas no puedo vivir en paz, mucho menos voy a poder vivir en paz con gente extraña, con gente que apenas conozco o que desconozco.

Realmente esto es fundamental; por eso, mi conclusión final y mi invitación verdaderamente profunda a todos ustedes es que adoptemos ese papel conciliador.

La conciliación nos lleva a la reconciliación, la conciliación es el espíritu que debemos mantener para mantener la unidad, la integración y la comunión y la reconciliación es la decisión firme, la opción firme y decidida de volver a reconectarnos, a conectarnos con el otro.

Con el otro cuando ha habido de por medio una situación conflictiva, una ruptura o una acción que nos ha producido una desazón, o un quiebre en el fondo del corazón.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


HOJA DE VIDA

PADRE ADALBERTO GOMEZ SUAREZ
C.C. 501.136 de Medellín

1. ESTUDIOS:

Licenciado y Doctorado en Psicología de la Universidad de Lovaina (Bélgica).

Postgrado en Psicología Holistica aplicado a la Educación y a la Familia (Instituto Católico de París).

Magíster en Psicología Familiar y Sexología del Instituto de Familia y Sexología de Bruselas (Bélgica).

Postgrado en Psicosomática de la Universidad de Quito.

2. CARGOS:

Director del Movimiento por un Mundo Mejor en varios países de Latinoamérica y Colombia.

Subdecano de la Facultad de Psicología de la Universidad Católica de Bogotá.

Director del Departamento de Pastoral Educativa de la Arquidiócesis de Medellín.

Fundador, Director General y Representante Legal del Instituto Psicoeducativo de Colombia (Ipsicol).

Director de tres programas radiales pedagógicos en Medellín.

3. EXPERIENCIA:

Conferencias Internacionales en Sexología.

Talleres, encuentros y seminarios en psicología familiar, de pareja y empresas.

Seminarios sobre Familia Latinoamericana en el Seminario Internacional de Verona (Italia).

4. LIBROS:

La Familia de Hoy: Incógnita de Nuestro Tiempo.

La Nueva Pedagogía Familiar.

Éxito o Fracaso de las Relaciones de Pareja.

La Juventud: Esperanza del Mañana o Amenaza Social?

Teoría y Práctica de la Educación Sexual.

Coautor de Fábulas de Humberto González.

 

 


 

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